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“Una ciudad olvidada”: La comunidad de South Los Ángeles espera un cambio después de un verano violento

Relatives and friends of Dijon Kizzee gather in Westmont near where he was fatally shot by sheriff's deputies.
Familiares y amigos de Dijon Kizzee se reúnen en Westmont, cerca de West 109th Place y South Budlong Avenue, donde el ciclista negro de 29 años fue asesinado a tiros esta semana por agentes del Sheriff del condado de Los Ángeles.
(Luis Sinco / Los Angeles Times)

Denise Nelson recuerda cuando su vecindario de Westmont no estaba lleno de licorerías, iglesias y edificios abandonados.

Solía haber un teatro al otro lado de la calle de su tienda de descuentos cerca de Imperial Highway y Vermont Avenue. El área fue una vez el hogar de una pista de patinaje y prósperos negocios propiedad de negros.

Los últimos años han traído mala suerte a la pequeña comunidad de South Los Ángeles de casi 34.000 personas enclavada entre la ciudad de Los Ángeles e Inglewood.

Esta semana, Dijon Kizzee, de 29 años, fue asesinado a tiros por agentes del Sheriff del condado de Los Ángeles, lo que provocó protestas y titulares nacionales que denunciaban el uso excesivo de la fuerza contra los negros, incluidos George Floyd, Jacob Blake y Breonna Taylor.

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El 26 de mayo, los agentes del Sheriff tirotearon a otro hombre en la misma calle que Kizzee. Los agentes dispararon 19 rondas contra Robert Avitia, de 18 años, quien era sospechoso de un asesinato y tenía una pistola, dijeron las autoridades a los investigadores forenses.

Los residentes en el área dicen que temen la violencia callejera y el potencial de violencia perpetrada por las autoridades. Sus luchas se ven agravadas por décadas de falta de inversión y recursos, y el embate de la pandemia de COVID-19 que ha afectado de manera desproporcionada a las comunidades negras y latinas.

Latex gloves near the Westmont site where Dijon Kizzee was fatally shot by sheriff's deputies.
Los guantes de látex que dejaron los técnicos médicos de emergencia se observan en el suelo en Westmont, donde los agentes del Sheriff del condado de Los Ángeles mataron a Dijon Kizzee, de 29 años.
(Luis Sinco / Los Angeles Times)

“Es como una ciudad olvidada”, dijo Kevin “Twin” Orange, un veterano trabajador en intervención de pandillas que nació y se crió en Westmont. “Todo lo que tenemos son velas donde han muerto personas, edificios abandonados, moteles y licorerías”.

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Recientemente, ha habido una serie de actos de violencia en la zona. Alan Snipes, de 42 años, fue encontrado en una acera con heridas de bala la mañana del 4 de agosto. El 30 de junio, Derek Wilson, de 61 años, murió en su automóvil. Dos días antes, Lorenzo Hall Jr., de 27 años, y William Lay, de 31, recibieron disparos con horas de diferencia.

Kizzee estaba en una bicicleta cuando lo detuvieron por lo que el Departamento del Sheriff dijo que era una violación al código de vehículos. Kizzee dejó caer su bicicleta y corrió. Los agentes le dispararon después de que Kizzee dejó caer una chamarra que llevaba e hizo “un movimiento hacia” un arma que cayó al suelo, dijeron los agentes del Sheriff.

Las personas que presenciaron el asesinato señalaron que los agentes siguieron disparando contra Kizzee después de que se derrumbó en el suelo. Su familia dijo que era un hombre de familia.

Una tarde reciente, Gregory Brown y dos amigos se sentaron afuera de un edificio de apartamentos para relajarse después de un largo día de trabajo. Una brisa sopló por el vecindario mientras otros residentes se sentaban en sus porches, hablando entre ellos.

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Brown dijo que está frustrado no solo por la violencia sino también por años de injusticia y las desventajas económicas que los negros han enfrentado durante cientos de años.

Relatives and friends of Dijon Kizzee gather at the site where Kizzee was shot.
Parientes y amigos de Dijon Kizzee se reúnen en el lugar donde Kizzee fue asesinado. Recientemente, ha habido una cadena de violencia en el barrio de Westmont en el sur de Los Ángeles que ha dejado cuatro hombres muertos por disparos.
(Luis Sinco / Los Angeles Times)

“Sobrevivimos a los 80, pasamos por eso”, dijo Brown. “Pero ahora tienes esta pandemia y a la policía, con la que debes tener el mismo cuidado”.

Brown intenta dar el ejemplo a sus dos hijos. Vota porque quiere que voten cuando sean mayores.

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“Es la única forma de cambiar las cosas”, manifestó.

El ingreso familiar promedio en Westmont, cuyos residentes son 44% negros y 53% latinos, es más bajo que en otras áreas del sur de Los Ángeles y el condado en general, según cifras del censo. Solo el 6% de los residentes tiene una licenciatura. En un informe del Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles de 2018 que examinó las disparidades de la comunidad, Westmont se ubicó como uno de los más bajos del condado en cuanto a esperanza de vida.

“Hay abandono estructural e histórico”, dijo Alejandro Villalpando, quien creció en el barrio y vive cerca.

Villalpando relató que cuando era joven caminaba hacia la Washington Preparatory High School para prepararse para un examen SAT y presenció un tiroteo. A los 19 años, los agentes del Sheriff le apuntaron con sus armas mientras él montaba en bicicleta por el vecindario.

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Villalpando comentó que en el centro del problema está la falta de inversión en programas de recreación y servicios de salud mental, y lo que él llama “desinversión activa” en la comunidad.

“La gente no nace para dispararle a la gente a las 7 de la mañana”, dijo Villalpando.

Kala Patterson, trabajadora social del Westmont Counseling Center que dirige un grupo de mujeres, dijo que las personas en el vecindario experimentan racismo estructural, pobreza y violencia a diario.

People gather on Budlong Avenue and face off with sheriff's deputies in Westmont.
Familiares y amigos de Dijon Kizzee se reúnen en el lugar donde Kizzee fue asesinado. Recientemente, ha habido una cadena de violencia en el barrio de Westmont en el sur de Los Ángeles que ha dejado cuatro hombres muertos por disparos.
(Robert Gauthier / Los Angeles Times)

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“Han aprendido a funcionar en un estado de trauma”, expresó. Patterson dijo que está acostumbrada a escuchar las sirenas de las ambulancias y el zumbido de los helicópteros durante las sesiones.

“Lo escuchas todos los días”, dijo.

En los últimos años, se han realizado esfuerzos para reinvertir en la zona. Existen planes para reconstruir un tramo de terreno -cerca de las avenidas Vermont y Manchester que ha estado vacío desde los disturbios de 1992- con un centro comercial, un internado para jóvenes en riesgo y viviendas asequibles. Está previsto que se construya un refugio para personas sin hogar cerca de la estación del Sheriff. Y el Departamento de Salud Pública también ha lanzado una iniciativa para ayudar a detener la violencia y el trauma.

“No podemos permitir que la comunidad se rinda”, dijo Mark Ridley-Thomas, un supervisor del condado cuyo distrito incluye Westmont. Su oficina ha plantado árboles, está trabajando para construir un pequeño parque y también está planeando viviendas más asequibles.

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“Hemos ido e intentado hacer que sucedan varias cosas”, manifestó.

El capitán del Sheriff de Los Ángeles, Duane Allen, dijo que antes de este año, el área había visto un número récord de tiroteos. Los recortes presupuestarios en el departamento redujeron drásticamente los patrullajes de verano adicionales y un programa para jóvenes.

“No tenemos personas adicionales para involucrar en la comunidad”, señaló Allen.

Demetra Johnson, cuyo hijo Anthony Weber, de 16 años, fue asesinado a tiros por agentes en el vecindario en 2018, dijo que los cambios no han llegado lo suficientemente pronto. Las relaciones entre el Departamento del Sheriff y la comunidad son tensas, expuso.

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Eso era visible en una pared y un edificio no lejos de donde Kizzee fue asesinado. El grafiti deletreaba improperios y la palabra “Sheriff” estaba tachada.

Cuando Kizzee fue asesinado esta semana, Johnson se unió a otros manifestantes en una marcha hacia la estación del Sheriff de South Los Ángeles. Ella dijo que Kizzee era un cliente en el mercado que dirige.

“Es simplemente desgarrador”, comentó sobre otro tiroteo policial en el vecindario donde ha vivido desde 1983.

Johnson se preocupa por su hijo de 14 años. Ella dice que tiene suerte de que él prefiere jugar videojuegos que salir a la calle.

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Cuando Alani Snipes, una madre de dos hijos de 22 años, vio letreros en el área que enumeraban puntos de referencia locales como Los Ángeles Southwest College, se desanimó: las calles necesitan reparaciones. Las escuelas carecen de equipamiento decente.

Snipes dijo que se sentía como si los funcionarios estuvieran fingiendo que no se estaban llevando a cabo delitos, asesinatos y tiroteos policiales en el área.

“Las cosas que realmente importan no reciben el tiempo y el esfuerzo que deberían”, comentó.

Paint peels off commercial buildings along Normandie Avenue in Westmont.
La pintura se desprende de los edificios comerciales de la avenida Normandie en Westmont. En los últimos años, se han hecho esfuerzos para reinvertir en la zona, incluyendo planes de reurbanización de terrenos baldíos con un centro comercial, un internado para jóvenes en riesgo y viviendas asequibles.
(Luis Sinco / Los Angeles Times)

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Snipes, que vive cerca de la estación del Sheriff, dijo que pensaba que su proximidad a las fuerzas del orden proporcionaba seguridad. El mes pasado, su padre, Allan Snipes, fue asesinado mientras caminaba por la mañana.

El tiroteo de Kizzee la dejó pensando sobre que los agentes de policía requieren de una mejor formación. Se necesita una reforma policial, dijo, y es un tema que deben encabezar los funcionarios locales.

“Hay que alimentar a la gente para nutrir a la ciudad y ellos no ven eso”, manifestó.

Nelson, propietario de Connaisseur’s Bargain Store en Westmont, está trabajando para mejorar las condiciones. Ella dirige A Step Above Your Vision, una organización sin fines de lucro que brinda vivienda y enseñanza de habilidades a personas sin hogar. Ella es mentora de mujeres jóvenes en el área.

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Quiere agregar una barra de jugos y una tienda de sándwiches en su tienda. Su sueño es abrir al lado un refugio y un centro de recursos para personas sin hogar.

Sus objetivos son un intento de traer algo a la comunidad que cree que es necesario: un mensaje de esperanza.

“Estoy intentando ser un buen ejemplo para la gente”, dijo. “Trato de mostrar lo que pueden hacer”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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