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Por qué un coronavirus de rápida propagación y una población a medio vacunar pueden ser una receta para el desastre

Tres familiares abandonan una clínica de inmunización contra el COVID-19 en Los Ángeles, luego de vacunarse.
(Al Seib/Los Angeles Times)

Liberar una variante de coronavirus de rápida propagación en una población medio vacunada puede dar lugar a una cepa resistente a la vacuna.

Si usted fuera responsable de rastrear la pandemia, adivinar cuál será el próximo truco del coronavirus, así como mantener los casos y decesos al mínimo, estaría realmente preocupado en este momento.

Las vacunas contra el COVID-19 están marcando la diferencia y han evitado que casi todos los receptores se enfermen gravemente o mueran. Pero con el aumento de las infecciones entre los no vacunados, las hospitalizaciones que alcanzan un nivel no visto desde febrero y solo la mitad de la población completamente inoculada, el coronavirus aún no ha terminado con nosotros.

También, nuevos peligros acechan y podrían intensificar o prolongar el brote. Cada uno tiene el potencial de causar más enfermedades y muertes. Además, si ocurren en combinación entre sí, el horror podría agravarse.

Aquí hay una mirada más profunda a por qué los científicos temen que nos estemos acercando a otro punto de inflexión en la pandemia.

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Las condiciones son ideales para la aparición de variantes resistentes a las vacunas

El miedo a la variante Delta impulsó un aumento esperado en la vacunación. Aproximadamente en las últimas cuatro semanas, alrededor de 12 millones de estadounidenses se arremangaron la camisa para recibir una primera dosis. Esas son buenas noticias.

Pero también hay un lado oscuro en la estampida de los recién vacunados: millones de personas ahora están parcialmente inmunizadas. Un estudio autorizado estimó que una sola inyección de la vacuna Pfizer-BioNTech tiene aproximadamente un 33% de efectividad contra la variante Delta, mucho menos que el 90% de protección conferida por las dos dosis. Entonces, con una cepa altamente transmisible suelta, es probable que algunos de los recién inmunizados se infecten antes de adquirir una inmunidad más completa.

¿Por qué es tan difícil encontrar ayuda para los que están a mitad de camino? ¿Por qué esperamos a que toquen fondo?

Mientras tanto, se cree que cerca del 3% de los adultos estadounidenses, alrededor de 7 millones de personas, tienen el sistema inmunológico comprometido, y es probable que muchos de ellos hayan tenido una respuesta inmunitaria incompleta a la vacuna. En la práctica, hasta que reciben un refuerzo, también están parcialmente inoculados.

Estas condiciones de supresión viral incompleta aumentan la presión evolutiva sobre un virus. Frente a un muro que solo está a medio construir, el virus que encuentra la manera de saltar es recompensado. Las mutaciones que lo ayudan a hacerlo tienen más posibilidades de sobrevivir para infectar a otra persona.

Así es como nacen las nuevas cepas virales. Los científicos documentaron que los pacientes inmunodeprimidos que no pueden eliminar rápidamente una infección por SARS-CoV-2 son generadores prolíficos de nuevas trasformaciones virales.

Por el mismo razonamiento biológico, las personas que se encuentran entre la primera y la segunda dosis de vacuna también corren el riesgo de incubar mutaciones que podrían producir nuevas variantes, especialmente aquellas que permiten que el virus eluda la protección que brindan las inyecciones.

“Esto es lo que hacen los virus de ARN, es su propiedad biológica fundamental”, comentó el Dr. Gregory Poland, especialista en vacunas de Mayo Clinic. “Particularmente frente a la presión inmune parcial, el virus buscará una manera de evadirla. Y entonces regresa al principio”.

La Dra. Megan Ranney, decana asociada de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Brown, añadió: “En esta situación, en la cual la mitad de nosotros estamos completamente inmunizados y la otra mitad no, puede surgir una variante resistente a la vacuna”.

Las personas no vacunadas, tal vez con la esperanza de sobrevivir a la pandemia sin vacunarse ni enfermar, pueden estar jugando un juego de azar cada vez más arriesgado.

Los picos crean eventos de supertransmisores que pueden impulsar nuevas variantes hacia una alta circulación

Los virus de ARN como el SARS-CoV-2 mutan con frecuencia porque su programa de replicación no corrige muchos de los errores que surgen cuando hacen copias de su código genético.

Aun así, las variantes resultantes normalmente no viajan lejos del individuo en el que se generan. Pueden tener nuevas características peligrosas, pero rara vez entran en una circulación amplia porque la persona en la que incubaron se aisló, o usó una mascarilla, o tuvo la suerte de no infectar a nadie.

Los estudios sobre la propagación de variantes en las poblaciones, así como los modelos de su aparición, han demostrado que las nuevas cepas virales tienen bastantes posibilidades de abrirse camino en una circulación más amplia cuando los casos crecen. Cuanto más poderosa es la transmisión, crecen las posibilidades que tiene una variante con capacidades mejoradas de llegar a un tránsito más extenso.

Encontrarse con un evento de “supertransmisor” en las semanas posteriores a su nacimiento le da a una variante su mejor oportunidad de despegar, según un estudio de modelado. Si su portador puede extenderlo a solo cinco personas, tendrá suficiente impulso para competir por más víctimas. Infectar a 20 o más individuos de una sola vez le daría una oportunidad real de dominar su nueva comunidad.

“Con toda probabilidad crearemos nuevas variantes además de las que han surgido”, destacó el Dr. Joshua T. Schiffer, quien dirigió el equipo de modelado en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle.

Es evidente que Estados Unidos se encuentra en medio de una nueva oleada de infecciones. Y en todo el país, los posibles eventos de superproparadores (en escuelas, centros comerciales, restaurantes, gimnasios, servicios religiosos e incluso mítines de motocicletas) mezclan de forma rutinaria a personas vacunadas totalmente, parcialmente y no inmunizadas, en lugares cerrados y con un uso irregular de mascarillas.

La mayoría de los estadounidenses dicen tener problemas para dormir desde el comienzo de la pandemia. Solucionar eso, dicen los expertos, no será fácil.

Los niños vuelven a la escuela en medio de altos niveles de transmisión comunitaria, con inmunización incompleta

Durante la mayor parte de la pandemia, se pensó que los niños no eran los principales impulsores de la propagación. Pero esa idea está cambiando ahora.

En todo el país, la edad promedio de las personas hospitalizadas con COVID-19 está disminuyendo. Cada día durante la primera semana de agosto se admitió un promedio de 203 menores de 18 años, solo un pequeño descenso que en el pico de 217 por día informado durante las primeras semanas de enero de este año.

La investigación aún no estableció que la variante Delta afecte a los niños de manera diferente a las cepas anteriores. Pero es claro que un gran número de ellos se están infectando y enfermando. Dado que constituyen una mayor proporción de pacientes, están desempeñando un papel clave para mantener viva la pandemia.

Menos del 5% de los jóvenes de 12 a 18 años han sido completamente inoculados, y se cree que la propensión de los adolescentes mayores a propagar el virus es más parecida a la de los adultos que a la de los niños más pequeños. Las vacunas aún no están autorizadas para menores de 11 años.

Los escolares comenzaron a regresar a las aulas, de todos modos. En varios lugares donde las tasas de casos son más altas, lo hacen sin cubrirse la cara (los gobernadores de algunos estados han prohibido a los distritos escolares imponer el uso de tapabocas).

Dada la alta transmisibilidad de la variante Delta y los bajos niveles de inmunización en amplias franjas del país, Poland prevé que los casos seguirán aumentando. Agreguemos 56 millones de estudiantes de nivel K-12, la mayoría de ellos sin vacunar y muchos sin mascarilla, juntos en las aulas, los autobuses, luego en sus casas, con sus familias, y esas perspectivas aumentan aún más, dijo.

No debe ocurrir” un aumento en las infecciones por la reapertura de escuelas, enfatizó Poland.

La inmunidad de los trabajadores de la salud podría desaparecer pronto

Aunque las inyecciones contra el COVID-19 han marcado una gran diferencia en Estados Unidos, la duración de la inmunidad que confieren es una de las principales incógnitas. Incluso sin la aparición de una cepa resistente a la vacuna, se espera que el grado de protección disminuya con el tiempo.

A fines de julio, los investigadores de Pfizer-BioNTech informaron que la eficacia de su dosis contra la enfermedad sintomática se había reducido del 95% al 84% después de seis meses.

¿Cómo sabremos cuando eso empiece a suceder? En EE.UU, una de las primeras pistas será el aumento de las infecciones en los trabajadores de la salud y otros grupos que se vacunaron temprano. En Israel, ya existe evidencia preliminar de que los médicos y enfermeras inmunizados están desarrollando casos en mayor número, aunque la inmunidad menguante puede ser solo un factor.

Una vez más, los hospitales se están llenando al máximo, al igual que los trabajadores de la salud, agotados, están renunciando en masa a sus empleos. Eso significa que los efectos de la disminución de la inmunidad a las vacunas podrían hacerse evidentes en el peor momento posible, en medio de una avalancha de pacientes con COVID-19 no inmunizados, el regreso de los pacientes que postergaron la atención durante la pandemia, así como la llegada de las lesiones y enfermedades de rutina que dispone la reapertura del país.

Los autores Geoff Manaugh y Nicola Twilley hablan de “Hasta que se demuestre que es seguro”, una historia de las cuarentenas por enfermedades y un estudio de nuestra incapacidad para desplegarlas adecuadamente.

Viene el invierno

Los virus respiratorios como el SARS-CoV-2 prefieren un poco menos de humedad de la que ofrece la época de verano. Y se esparcen mejor cuando existe poco espacio y no hay mucho flujo de aire entre su anfitrión y su próxima víctima. Ambas cuestiones se cumplen a medida que el clima exterior se enfría y pasamos más tiempo en el interior.

El inicio del invierno en gran parte de Estados Unidos fue un factor clave para el devastador aumento que comenzó el otoño pasado y alcanzó su punto máximo en enero.

Este otoño, si la ventilación es deficiente y las personas están muy juntas sin cubrirse la cara, la variante Delta, que ha demostrado replicarse con fuerza en las vías respiratorias superiores de individuos no vacunados e inmunizados por igual, encontrará amplias formas de propagarse.

Gran parte del resto del mundo aún no está vacunado, y es posible que siga así durante algún tiempo

Como dejan en claro los orígenes de la variante Delta en India, incluso un país como Estados Unidos con un suministro abundante de inyecciones no es seguro mientras el resto del planeta se enfrente a continúas oleadas de casos.

Teniendo en cuenta que menos de un tercio de la población mundial tiene actualmente acceso a la vacuna contra el COVID-19, no solo existe un argumento humanitario para llevar más dosis a los países que no la han recibido, comentó Michael Osterholm, director del Centro para Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota. También hay un fundamento práctico. “Se trata de proteger estratégicamente nuestras vacunas”, remarcó.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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