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Opinión: Trump se atrinchera por terror a investigaciones, juicios y olvido

Donald Trump asegura sin pruebas que se cometió un gigantesco fraude electoral en su contra.
(YOUTUBE C-SPAN)

Consumido, herido y humillado por la aplastante derrota electoral que se niega a aceptar, tocando tambores de guerra y danzando en torno a la mayor mentira de su vida, sobre una presunta “conspiración y fraude masivo”, ya rechazada en más de 30 cortes federales del país por falta de evidencia, el presidente Donald Trump se hunde en el temor, angustia e incertidumbre sobre su futuro.

Está aterrorizado y desesperado. Sabe que el día 21 de enero, tan pronto deje la presidencia enfrentará investigaciones que congeló durante 4 años, sobre su presunta evasión de impuestos, fraude al fisco, demandas que van desde violación a leyes de financiamiento de campaña, difamación, asalto sexual, así como cuestionamientos sobre el origen de sus préstamos y diferentes procesos criminales en su contra, a lo que se suma la quiebra de sus negocios por la pandemia.

“Será muy difícil reconocer una derrota”, reveló Trump el Día de Acción de Gracias, insistiendo en que hubo un “fraude electoral masivo”, tratando de reforzar la guerra táctica de palabras y falsedades, con la que el ahora presidente y sus seguidores republicanos tratan de desvirtuar un proceso electoral histórico, en el que casi 150 millones de estadounidenses votaron y abatieron el abstencionismo.

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Sin importarle el daño que genere a la democracia americana, el impacto a la seguridad nacional o a la salud pública, el presidente continúa asegurando sin base ni evidencia, que “ganó por cientos de miles de votos” y “advierte” que si el día 14 de diciembre el Colegio Electoral vota en favor de Joe Biden, dándole 306 votos contra 232 suyos “estará cometiendo un error”, en tanto hace lo imposible por generar una crisis constitucional, que le permita permanecer más tiempo en el poder, como anticipó Mike Pompeo, cuando dijo que “habría una transferencia pacifica a un segundo término de Trump”.

El actual presidente afirma que “todos los hechos están de su lado, pero el tiempo en su contra”, alimentando la frustración de seguidores radicales, como “The Oath Keepers”, “Proud Boys”, milicias y otros grupos fuertemente armados, a los que Trump pidió “retroceder y permanecer alerta (“Step back & Stand By”) aguardando sus órdenes, mientras atacó la honestidad de republicanos como Brad Raffensperger, secretario de Estado de Georgia, a quien acusó de ser un traidor y su abogada Sidney Powell acusó al gobernador republicano Brian Kemp, de “haber recibido sobornos”, recordándole que “no habría sido gobernador sin su ayuda”.

Trump no alcanza a comprender cómo lo que “parecía una ventaja” a su favor, al inicio del conteo en estados clave, desapareció, a medida que se contabilizaron más votos, que finalmente dieron la victoria al demócrata Joe Biden.

Y confía en que -aún sin la evidencia que no pudo presentar en cortes federales-, los argumentos de “discrepancia en la votación” que atribuye a “hackeo y manipulación” de máquinas de la empresa Dominion, con memorias portátiles”, convenzan a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de eliminar votos legítimos -como antes sugirió- para que los resultados queden a su favor, algo que los expertos e inclusive los republicanos, ven muy difícil.

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El presidente electo Joe Biden participa en una sesión informativa sobre coronavirus
El presidente electo Joe Biden participa en una sesión informativa sobre coronavirus con expertos de salud pública en Wilmington, Delaware.
(ASSOCIATED PRESS)

“Vamos a ver grandes cosas que ocurran las próximas 2 semanas, que van a conmocionar a la gente” vaticinó Trump, negándose de nuevo a reconocer que perdió, porque “no sabe aún si tendrá un solo término o se abrirán las posibilidades de su re-elección”.

Iracundo y frustrado porque, sin pérdida de tiempo, el presidente electo Joe Biden, -que se espera sea confirmado con el voto del Colegio Electoral el 14 de diciembre-, inició el proceso de transición con un agresivo plan de contención del coronavirus, que Trump fue incapaz de prevenir y controlar, avanza en la integración de un gabinete de trabajo con experimentados y reconocidos profesionales, de probada integridad, honestidad y confiabilidad.

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Trump se atrevió a comentar que “No es adecuado que Biden integre un gabinete, cuando las legislaturas estatales y la Suprema Corte de Justicia tienen aún la última palabra”.

El presidente recita siempre que puede “todas las cosas que ha hecho” y evita contestar si reconocerá la victoria de Biden, si asistirá a la toma de posesión el 20 de enero del año próximo, como hace cada presidente saliente y si lanzará su candidatura de nuevo para 2024, reiterando que “quedan aún cosas sorprendentes por ver”, en aparente referencia a lo que espera sea un fallo a su favor, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

De acuerdo a Trump, “van a encontrar un tremendo fraude, van a mostrar cientos de miles de votos fraudulentos, muchos más de los que necesita” antes del voto del Colegio Electoral. Mientras ilegalmente sigue abusando del poder que ostenta, ofreciendo a Georgia construir una nueva base de la Fuerza Aérea, si votan en favor de los republicanos Kelly Loeffler y David Perdue, en una votación especial el 5 de enero próximo, que determinará qué partido tiene la mayoría del Senado.

En lugar de retractarse de sus errores, apoyando los abusos del presidente más ignorante, deshonesto, mentiroso y vulgar desde el primer día, los republicanos amenazan bloquear la confirmación del gabinete de Biden, que contrasta con el club de millonarios inexpertos, incapaces e ignorantes del gabinete inicial de Trump.

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Los republicanos acusan al presidente electo de ser “elitista de la clase media” en el intento de golpear la imagen de un bien preparado, bien educado, ferviente católico, político con 40 años de servicio en el Senado y 8 como vicepresidente, con amplia experiencia y capacidades para liderar a esta superpotencia en la superación de un océano de problemas generados por Trump, en tanto que el presidente y sus republicanos, aseguran que “ha alcanzado los más grandes logros que haya conseguido cualquier otro mandatario” lo que está muy distante de la realidad.

Mientras planta problemas en el camino de la nueva administración, como el retiro de tropas de Afganistán e Irak, concede el perdón presidencial para sus colaboradores y amigos que sirvieron como enlace con los rusos, como el general Michael Flynn, posiblemente Paul Manafort, Stephen Bannon, Roger Stone y hasta analiza su autoperdón, o insiste en la Suprema Corte de Justicia sobre la eliminación de la ciudadanía automática y la exclusión de indocumentados del censo, Trump tiene el descaro de decir que “duda que Biden haya podido obtener 80 millones de votos” y pide “que antes de entrar a la Casa Blanca, lo demuestre”.

A pedido también que “no dejen que Biden se lleve el crédito de las vacunas” que él se atribuye, mientras “repasa” aciertos que no todos aceptan.

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Sus fantasías de fraude electoral masivo y supuesta conspiración de China, Venezuela, la tecnología y los medios de comunicación han sido desmentidas por las autoridades electorales de cada estado, así como por funcionarios de su administración, responsables de garantizar unas elecciones limpias.

Chris Krebs, a quien Trump destituyó de la Dirección del Centro de Protección Cibernética e Infraestructura de Seguridad (CISA), del Departamento de Seguridad Interna, aseguró que esta fue “la elección más segura de la historia de Estados Unidos”, que posiblemente evitó una nueva injerencia rusa que esperaban Trump y los republicanos, por lo que Krebs debió más bien ser reconocido.

Para el presidente “solo hubo una diferencia en máquinas de votación hackeadas o manipuladas con memorias portátiles” que prueban que “aplastando el botón de Trump, los votos iban a Biden” lo que han rechazado autoridades electorales de todos los estados por falta de pruebas.

En el último revés judicial este fin de semana -de otras 30 demandas rechazadas en todo el país- los 3 jueces federales del 3er. circuito en Pensilvania, nominados por el presidente Trump y otros mandatarios republicanos, determinaron que “la denuncia de un extenso fraude masivo en el estado, carece de méritos” y recuerda que “las elecciones libres y justas, son la esencia de la democracia”.

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“Acusaciones de injusticia o manipulación son serias y denunciar una elección como injusta, sin alegatos y pruebas específicas que no se presentaron, deben ser rechazadas como hizo el juez Matthew Brann previamente”, dice el dictamen Judicial de 21 páginas, con la opinión del magistrado Stephanos Bibas, nominado por el presidente Trump.

El caso fue presentado ahora a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y recibido por el juez Samuel Alito, simpatizante de Trump, quien el 5 de Noviembre sugirió que se separaran las boletas electorales recibidas por correo después del día de la elección, aunque selladas en el correo el día de la elección.

Desvirtuada su mentira de “una enorme diferencia de votos que le da la victoria” que “en múltiples distritos de todo el país hubo una diferencia de votos que le da la victoria” y que “atraparon a muchos haciendo trampa, robando la votación”, sin presentar prueba alguna, el presidente, sus abogados encabezados por Rudy Giuliani y Sidney Powell y republicanos fanáticos de Trump, los atacan.

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El nuevo gobierno que encabezará el demócrata Joe Biden y múltiples expertos, comparten preocupación e incertidumbre sobre la posibilidad de que, una vez fuera de la oficina y enfrentando severos desafíos económicos y préstamos multimillonarios del Deutsche Bank, con aval del VTB el Banco de Desarrollo de Rusia, el presidente Trump, quien tiene intereses económicos y contactos con Rusia, China y otros países adversarios de Estados Unidos, pueda compartir importantes secretos de esta superpotencia como hizo indebidamente con el canciller ruso Sergey Lavrov, con el príncipe Saudita Mohammed Bin Salman y hasta con el periodista Bob Woodward, con quien el mandatario habló sobre un nuevo sistema secreto de armas nucleares del Ejército de EE.UU.


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