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Columna de adictos y adicciones: Todo tiene un precio

Goma de opio.
(Gary Coronado/Los Angeles Times)

“Me encuentro hundido en mi adicción al cristal, la droga del diablo. Paso mis días en un cuartito oscuro, fumando y drogándome, cubrí las ventanas con cobijas, para no saber del mundo y encerrarme en el mío”.

“Algún día tuve una bonita familia, me case con el amor de mi vida y tuvimos dos hijos, mi esposa me amaba y habría dado la vida por mí. También tuve un buen trabajo y todas las comodidades que una familia trabajadora puede tener. Ahora todo parece un sueño”.

“Cuando conocí el cristal me advirtieron que era muy adictivo, pero mi ego dijo que yo lo podía controlar, que lo podría dejar en el momento que yo quisiera, ay hermano, ese fue el principio de mi autodestrucción”.

“Lejos de controlarlo, consumía cada día más, empecé a escuchar voces en mi mente, sufría delirios de persecución y cambiaba de humor de un momento a otro. Después de varias oportunidades, perdí mi trabajo, los problemas económicos agravaron las relaciones familiares, y una cosa llevó a otra, empecé a celar a mi esposa, buscaba a su amante en la alacena o escondido en algún ropero. Loco de celos y completamente drogado la amenazaba, a veces con matarla a ella y otras con matarme yo”.

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“Pasaba las noches en vela, con un cuchillo en la mano, porque tenía miedo que alguien entrara a hacernos daño; obviamente mi familia estaba muy asustada y en la primera oportunidad se escaparon de mí; me quedé dormido y al despertar encontré una carta, en esa carta mi esposa confirmaba su amor por mí, pero también condicionaba nuestra relación, sólo y si, dejaba las drogas”.

“Hasta el día de hoy no he podido, extraño mi vida de antes, el respeto de familiares y amigos, el cariño de mi esposa e hijos. A veces me deprimo tanto, que, en vez de buscar ayuda, busco más droga”.

Hasta aquí la carta de Mario, al parecer, está lejos de buscar ayuda, aún no toca fondo, sigue aferrado a la autocompasión y al deseo de gratificación inmediata. Como un niño caprichoso, quiere su dosis y la quiere ahora.

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Desde aquí deseamos que nuestro amigo, quien tuvo el coraje de escribirnos, encuentre el valor para arrodillarse ante Dios, la fuerza para salir a buscar ayuda y la humildad para reconocer que solo no puede.

Escríbame, su testimonio puede ayudar a otros. Todos los nombres han sido cambiados.

cadepbc@gmail.com

¿Soy adicto?

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Para responder esta interrogante le sugiero que conteste las preguntas que aparecen en el siguiente vínculo: https://costaricana.org/soy-adicto

Usted solo encontrará la respuesta.

Para mayor información sobre Narcóticos Anónimos: 1 (888) 622-4672

“Decir que queremos cambiar, pero no estar dispuesto a hacer ningún esfuerzo, es una forma de autoengaño” AA.

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