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El SARS mató a cientos de personas y luego desapareció; ¿podría extinguirse también el coronavirus?

Hong Kong
Niñas asisten a clases de ballet con máscaras para protegerse del síndrome respiratorio agudo severo, o SARS, en Hong Kong, en 2003.
(Vincent Yu / Associated Press)

Detener el nuevo coronavirus, conocido como COVID-19, probablemente será mucho más difícil

El misterioso virus surgió por primera vez en el invierno, en el este de China: un patógeno nunca antes visto, que pondría a prueba la sensación de seguridad del mundo y provocaría pánico global.

En los meses siguientes, cientos de personas comenzaron a buscar tratamiento médico a causa de la tos que experimentaban, los problemas para respirar y, en algunos casos, se sentían tan mal que estaban al borde de la muerte.

Los científicos que se apresuraron a sofocar el brote determinaron que la fuente era una nueva cepa de coronavirus. La Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió medidas inmediatas para evitar que la amenaza a la salud internacional se extendiera por varios continentes y acabara con miles de personas.

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Eso fue a principios de 2003; el comienzo de la batalla contra el síndrome respiratorio agudo severo, más comúnmente conocido como SARS. Ese brote fue la primera epidemia mortal causada por un coronavirus.

“Fue una gran preocupación”, recordó Alan Rowan, profesor de salud pública de la Universidad Estatal de Florida, quien estuvo involucrado en la respuesta de ese estado al brote. “Era un virus nuevo, y era aterrador”.

Al igual que la cepa del coronavirus que se extiende actualmente en todo el mundo, el virus del SARS llevó a las personas a acumular máscaras faciales, cancelar viajes a Asia e instituir cuarentenas masivas en medio del temor del posible arraigo de la enfermedad. Pero ocho meses después de que el SARS comenzó a circular, estaba contenido. El virus se había extinguido.

La erradicación del SARS fue elogiada como una de las mayores victorias recientes de la salud pública, algo que se logró con una rápida y fuerte respuesta y una dosis de buena suerte.

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Pero a medida que aumentan los casos del nuevo coronavirus, parece menos probable que la historia se repita. La ruta del virus sugiere que la contención será mucho más difícil que con el SARS y el daño será bastante mayor, anticipan los expertos.

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(Lorena Elebee / Los Angeles Times)

El 9 de febrero pasado, el número de muertos por COVID-19 superó el del SARS. En los días posteriores, subió aún más.

Después de originarse en la provincia sudoriental china de Guangdong a fines de 2002, el SARS se había extendido a principios de la primavera a aproximadamente 1.500 personas.

Funcionarios de la Organización Mundial de la Salud afirmaron que el SARS podía convertirse en la amenaza de salud más grave surgida en más de 20 años, con excepción del SIDA.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) rechaza ‘consejos’ falsos que han circulado como supuestas maneras de prevenir el contagio de la enfermedad

El SARS era una enfermedad similar a la neumonía, que mató a aproximadamente una de cada 10 personas afectadas, muy por encima de la tasa de mortalidad estimada -de uno en 50- para las infecciones por COVID-19.

“Hubo un pánico enorme”, expuso Lawrence Gostin, director del Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud sobre Derecho de Salud Nacional y Global.

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El brote de SARS, que llegó a 29 países, fue contenido en última instancia con medidas tradicionales de salud pública, como pruebas, aislamiento de pacientes y la revisión de personas en aeropuertos y otros lugares donde se podía transmitir el virus, detalló Gostin. La estrategia es simple: si se puede evitar que la gente enferma infecte a las sanas, la enfermedad eventualmente se extingue.

Pero limitar el brote actual con estas estrategias de salud pública comprobadas y auténticas resulta más difícil ahora debido a la gran cantidad de casos, añadió el experto.

Con tanta información falsa circulando sobre el brote de coronavirus, los funcionarios de salud están tratando de aclarar las cosas. Esto es por lo que puede resultar contraproducente

Al final de la epidemia de SARS, 8.000 individuos habían sido infectados. Hasta el momento, más de 73.000 han sido diagnosticados con COVID-19, y algunos especialistas creen que los casos más leves no detectados aumentan aún más la verdadera cifra.

“Está afectando a cientos de miles de personas, y potencialmente a muchos más en el futuro. Es realmente difícil de contener cuando se llega a ese tipo de saturación”, agregó Gostin. “Este es un desafío mucho más grande que el SARS”.

Durante aquel brote de 2003, recordado como la primera pandemia del siglo XXI, los funcionarios de salud pública observaron con horror cómo una sociedad global interconectada facilitaba la propagación de enfermedades como nunca antes.

Una pareja canadiense que visitó Hong Kong comenzó a esparcir un brote de SARS en Toronto que mató a 24 enfermos.

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En estos tiempos esos riesgos son aún mayores. Los ciudadanos chinos viajan a nivel nacional e internacional a un ritmo muy superior ahora que en 2003, lo cual hace que la contención “sea mucho más complicada”, remarcó el experto.

La OMS declaró al COVID-19 como una emergencia sanitaria internacional y anunció, el viernes pasado, que el virus llegó a un quinto continente, África, después de que se detectara un caso en Egipto.

Cualquier disminución en el número de casos semanales no debe interpretarse como signos de reducción, advierten además los funcionarios. “Este brote aún podría ir en cualquier dirección”, indicó el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, durante una conferencia de prensa la semana pasada.

Si los datos del Economic Policy Institute muestran una imagen nefasta del efecto del comercio de China en los trabajadores estadounidenses, sus conclusiones están abiertas a cierta disputa por otros economistas

Los funcionarios saben cuán volubles pueden ser estos virus. La respuesta al SARS se benefició de la “buena fortuna y la buena ciencia”, escribió el Dr. David Heymann, quien dirigió la unidad de enfermedades infecciosas de la OMS durante la pandemia del SARS, en un documento de 2004 que evaluaba la respuesta internacional a ese padecimiento.

Los funcionarios tuvieron la suerte de que el SARS nunca apareciera en países en desarrollo, con sistemas de salud menos sofisticados, que hubieran tenido problemas para contenerlo, escribió.

El virus también fue más fácil de detener porque resultó tener una transmisibilidad relativamente baja, escribió. “Su rápida contención es una de las mayores historias de éxito en la salud pública de los últimos años”, redactó Heymann. “¿Por cuánto nos libramos de un desastre sanitario internacional? ¿Qué inclinó la balanza?”.

Los científicos probablemente lo descubrirán pronto. El SARS y el COVID-19 son como primos; comparten el 70% de su material genético. Ambos son coronavirus, una familia de virus que antes de 2003 eran conocidos simplemente como causas del resfriado común en humanos.

Si bien el virus del SARS se replicaba a nivel profundo en los pulmones de las personas, lo cual posiblemente contribuyó con una mayor tasa de mortalidad, eso también hacía menos probable su propagación que la del virus COVID-19, informó el Dr. Stanley Perlman, un microbiólogo de la Universidad de Iowa, que estudia los coronavirus.

El nuevo coronavirus crece en la nariz y las vías respiratorias superiores, por lo cual se puede transmitir más fácilmente a través de la tos y los estornudos, tal como la gripe, dijo.

Aunque las personas con SARS no contagiaban hasta que estaban muy enfermas, ello no ocurre con el COVID-19, por lo cual será más difícil aislar a los enfermos antes de que infecten a otros, expresó.

“Apenas empiezan los síntomas muy, muy leves -dolor de garganta, picazón, estornudos-, la persona es contagiosa”, informó Perlman. “No creo que vaya a ser como el SARS y que simplemente desaparezca”.

Incluso si el COVID-19 no se extingue, podría disminuir tanto como para que los casos se vuelvan extremadamente raros o emerjan nada más en el invierno. Los virus tienden a tener estacionalidad, aparecen sólo unos pocos meses al año, por lo cual algunos esperan que un clima más cálido lo haga retroceder.

Con este brote, los funcionarios internacionales fueron notificados mucho antes y el virus fue secuenciado bastante más rápido que con el SARS. Sin embargo, el COVID-19 sigue siendo más difícil de superar debido a los rasgos propios del virus, aclaró Brittany Kmush, investigadora de salud pública en Falk College de la Universidad de Siracusa.

Los virus se propagan más cuando son muy contagiosos y no tan mortales, continuó. Si uno de ellos es muy letal, los pacientes a menudo mueren antes de poder transmitir la enfermedad a muchos otros.

La baja tasa de mortalidad del COVID-19 en comparación con la del SARS, aunque es un alivio para los médicos, en realidad puede obstaculizar los esfuerzos de prevención, dijo."Creo que si el SARS tuviera características similares a este coronavirus, todavía estaría circulando”, reflexionó Kmush.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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