Anuncio
Share

Los restaurantes de L.A. en áreas de baja vacunación se preparan para lo peor ante la llegada del nuevo mandato

People sit in booths at Hotville restaurant and eat
Comensales disfrutan en el restaurante Hotville, en enero de 2020.
(Mariah Tauger / Los Angeles Times)

Los propietarios de restaurantes en zonas con bajas tasas de inoculación temen que el nuevo mandato de prueba de vacunación de la ciudad de Los Ángeles sea otro clavo en el ataúd.

"¿Es este el principio del fin?”, preguntó Kim Prince durante una llamada telefónica reciente. “Hemos estado en un período de dar vueltas, vueltas y vueltas. Solo quiero freír pollo”.

El lunes, Prince, propietaria del restaurante Hotville en el centro comercial Baldwin Hills-Crenshaw, y todos los demás empresarios gastronómicos de la ciudad de Los Ángeles tendrán que volver a girar para cumplir con una nueva ordenanza que exige que los clientes muestren prueba de vacunación o un resultado negativo por COVID-19 para cenar en espacios interiores.

La aplicación de la ordenanza, que cubre centros comerciales, cines, salones de belleza y otras actividades bajo techo, comenzará el 29 de noviembre y permanecerá en vigor hasta que la ciudad levante su declaración de emergencia por la pandemia de COVID-19.

El nuevo mandato traerá consigo un campo minado de posibles fallas y enfrentamientos para todas las empresas afectadas, pero los propietarios de restaurantes en áreas con tasas de vacunación más bajas creen que su supervivencia es especialmente precaria.

“Una cosa que no quiero tener que hacer es preguntarle a cada cliente: '¿Puedo ver su tarjeta?’”, dijo Prince. En el código postal 90008, donde se encuentra Hotville, solo el 54.1% de las personas han sido completamente vacunadas (el 64% de los residentes son negros, el 24% son latinos, el 6% son blancos y el 3% son asiáticos en esta área). “No sé cuál es la solución”, agregó, “pero lo que sí sé es que las empresas ya están sufriendo y van a sufrir hasta el punto del cierre, sobre todo si confían en que los clientes vuelvan, y saben que su comunidad no está vacunada”.

Anuncio

Prince relató que sus ventas bajaron significativamente del nivel alcanzado en este mismo momento el año pasado debido a una serie de factores, que incluyen el aumento de los costos de los alimentos y la apertura y cierre de su comedor para cumplir con las normas de seguridad. Ella, al igual que muchos dueños de negocios, no puede sobrevivir a otro golpe. “Las tasas de vacunación en nuestra área simplemente no respaldan la expectativa o el optimismo de volver a la normalidad”, comentó.

Además, una gran cantidad de los clientes de Prince son personas de la tercera edad, muchos de los cuales no son expertos en tecnología y no utilizan aplicaciones de entrega de alimentos. Acuden al restaurante, tienen una mesa favorita y les gusta comer allí su pollo caliente.

En agosto, Hotville organizó un evento para la campaña “This is Our Shot”, de Walgreens. El cantante John Legend se unió a un panel de médicos y farmacéuticos para hablar con 30 personas del vecindario sobre la vacuna. Al final de la presentación, hubo médicos disponibles para aplicar dosis. Prince dijo que solo una persona se vacunó.

“Esa persona no se parecía a mí”, afirmó Prince. “Otros 12 meses de este tipo de regulaciones, y les aseguro que para el 2024 habrá más restaurantes cerrados en vecindarios de color que en cualquier otro vecindario”.

Lily Rocha, directora ejecutiva de la Asociación de Restaurantes Latinos, señaló que muchos de los más de 830 miembros de la organización están preocupados por los mandatos de vacunas. Y la mayoría, reconoció, se encuentran en California. “Debido al número actual de personas no vacunadas en las comunidades minoritarias, creo que vamos a ver caer las ventas y la gente no saldrá”, expuso. “Todos sabemos que los restaurantes propiedad de latinos y otras empresas de minorías han recibido un golpe desproporcionadamente grande, y eso continúa ahora con la escasez de mano de obra, los mandatos adicionales y los problemas de las cadenas de suministros. Todo lo que está afectando al público en general, nos está afectando más a nosotros, porque muchos no recibimos el dinero de la red de seguridad federal”.

La lucha del estado por aplicar el mandato de Newsom se produce cuando los centros de trabajo de todo el país están imponiendo plazos para que los trabajadores presenten pruebas de vacunación o se arriesguen a perder su empleo.

Shalamar Lane, propietaria del restaurante My Father’s Barbeque, en la ciudad de Carson, usó su dinero del Programa de Protección a los Salarios (PPP, por sus siglas en inglés) el año pasado en cuestión de días. “Escuchas a los dueños de restaurantes decir que recibieron dinero del PPP”, comentó. “Pero eso no es nada. Espero que no seamos olvidados”.

Carson está bajo la jurisdicción del condado de Los Ángeles, que tiene un mandato de prueba de vacunación para bares, cervecerías, bodegas, destilerías, clubes nocturnos y lounges. Por ahora, el condado recomienda que los restaurantes soliciten un comprobante de vacunación, pero no es obligatorio.

Lane acababa de comenzar una ampliación de su salón comedor para agregar 60 asientos cuando inició la pandemia. Planeaba reabrirlo a finales de este mes, pero cree que será mejor esperar. “Voy a observar lo que sucede con los demás restaurantes. Con suerte, en los próximos meses podré obtener algunas pistas y ver cómo van las cosas antes de tomar la decisión de abrir”, anticipó.

Su principal preocupación es la seguridad y el bienestar de sus empleados, añadió Lane. Aunque ofrece comida para llevar desde el inicio del cierre, interactuar con los clientes detrás de una pantalla de seguridad, a través de múltiples órdenes de uso de mascarillas, generó enfrentamientos entre su joven personal y los comensales. Ahora teme que si el condado promulga su propio mandato de prueba de vacunación para los restaurantes, las cosas solo empeoren. “La gente vendrá sin mascarilla. Se puede decir que lo hacen a propósito y hablarán por encima de nuestra pantalla protectora”, dijo. “Hay personas que van a discutir, que vienen al restaurante a propósito y que no están vacunadas; lo que quieren es hacer una escena”.

En un artículo de opinión reciente del San Francisco Chronicle, el presidente y director ejecutivo, Jot Condie, hizo hincapié en la necesidad de seguridad para las pequeñas empresas. “Parece justo que las ciudades con órdenes sanitarias que restringen la entrada a los restaurantes deban otorgar fondos para la seguridad”, escribió. “O, en su defecto, proporcionen una opción para enviar personal de la ciudad o del condado capacitado en verificación de vacunas, que puedan asumir interferencias”.

En un restaurante de la ciudad de Nueva York, en septiembre, un anfitrión fue presuntamente agredido después de pedirle a un grupo de comensales sus tarjetas de vacunas. Y ha habido docenas de reportes de clientes en tiendas, restaurantes y mercados de todo el país que han agredido verbal y físicamente a los empleados por hacer cumplir los requisitos de uso de mascarilla.

Todo eso resuena con Prince, quien dijo que la han “maldecido” muchas veces después de pedirles a los clientes que se pusieran un cubrebocas. “Alguien podría ser agredido solo por hacer su trabajo y pedir una prueba de vacunación”, comentó. “Esto ocurre en algunos vecindarios más que en otros, [pero] es una posibilidad en cualquier lugar”.

“Es una carga poner eso en los restaurantes”, añadió por su parte Greg Dulan, propietario de Dulan’s en Crenshaw Boulevard, de Los Ángeles. “Sé que hay que hacer algo, y creo en la vacuna, pero va a crear tensión y ¿quién nos va a salvar cuando tengamos un cliente gritando?”, se preguntó. “Entiendo la necesidad, pero no estamos equipados para esto. No somos trabajadores de la salud y la mayoría de nosotros, francamente, todavía nos encontramos tratando de aguantar”.

Para Dulan, Prince y Lane, las tarjetas de vacunas falsas y los resultados de pruebas apócrifos también son una preocupación. La ciudad de Los Ángeles describe la ordenanza en línea, con un desglose de las formas de prueba aceptadas tanto para las vacunas como para las pruebas negativas de COVID-19, pero con cuatro formas diferentes de verificar el estado de inoculación de alguien, los tres propietarios de restaurantes dijeron que se necesita un solo sistema de verificación simplificado.

Dulan no puede permitirse contratar más personal para verificar las tarjetas de vacunas, y la falta de un sistema uniforme para comprobar el estado de alguien se traducirá inevitablemente en más tiempo en la puerta, expuso. “Hay muchas tarjetas de vacunas falsas por ahí”, señaló. “¿Qué tan riguroso se supone que sea nuestro examen? Si nos están nombrando funcionarios de salud pública, entonces deben darnos un cheque, una reducción de impuestos o algún tipo de compensación, porque nos va a costar mano de obra, ingresos y estrés. No sé cómo se cuantifica el estrés de tener que hacer esto”.

El concejal de la ciudad de Los Ángeles Joe Buscaino fue uno de los dos miembros del concejo que votó en contra de la ordenanza de la ciudad después de que sus colegas no estuvieran de acuerdo con varias enmiendas que él había propuesto. Entre ellas se incluía un informe sobre las fuentes de financiamiento para ayudar a las pequeñas empresas a cumplir con las pautas, además de convertir en un delito interferir con los empleados que verifican las reglas. “No apoyo esta ordenanza porque creo que causará confusión, colocará una carga indebida en nuestras pequeñas empresas y pondrá a nuestros trabajadores esenciales en la primera línea nuevamente al convertirlos en los principales ejecutores de este mandato”, dijo Buscaino en un comunicado reciente, enviado por correo electrónico a The Times. “Siento empatía por los dueños de restaurantes, porque serán los trabajadores y los pequeños negocios quienes terminen sufriendo las consecuencias de esta política, no las personas que permanezcan sin vacunar”.

Para la Independent Hospitality Coalition (IHC), que aboga por la industria hotelera del área de Los Ángeles, mitigar el castigo por lo que llama “mandatos poco claros” es una prioridad absoluta. El director ejecutivo de la entidad, Adam Englander, dijo que la IHC sabía desde hace tiempo que se estaba preparando un mandato de vacuna para poder comer en salones interiores y que los miembros acudieron tanto a la junta de supervisores del condado como a los miembros individuales del concejo para impulsar pautas claras. “No podemos permitir que los restaurantes individuales sean árbitros de lo que es real o no”, remarcó.

En la ciudad de Los Ángeles, si una empresa no cumple con la ordenanza, la primera respuesta es una advertencia. Una segunda infracción podría resultar en una multa de $1.000, y éstas pueden aumentar hasta $5.000 por una cuarta infracción o una subsiguiente.

Además de la necesidad de más personal y seguridad para los controles y una baja tasa de vacunación comunitaria (en el código de área 90043, el 55.5% están completamente vacunados), Dulan cree que su restaurante está en una desventaja aún mayor debido a la cantidad de clientes de otros estados que lo visitan. Dulan es la realeza de la comida llamada soul-food en Los Ángeles. Su padre, Adolf Dulan, abrió Aunt Kizzy’s Back Porch en 1985, y luego el primer Dulan’s en Inglewood, en 1999. Su restaurante es un destino popular para los turistas, que pueden inclinarse a cenar en áreas que no requieren prueba de vacunación. "¿Qué pasa si esos turistas no tienen los mismos requisitos en Texas u Oklahoma y vienen a Los Ángeles y quieren comer en nuestros restaurantes locales de comida para el alma y no tienen la información de sus vacunas?”, preguntó Dulan. “No queremos rechazar a 12 personas que vienen a gastar dinero en nosotros. Eso nos va a doler”.

Tanto Dulan como Prince mencionaron que el condado, la ciudad y posiblemente la junta de turismo de California, que gastan dinero en anuncios de servicio público, en periódicos, radio y televisión con respecto a los mandatos de prueba de vacunación, podrían ser cruciales para evitar la confrontación en las puertas de los restaurantes. Pero siguen temerosos de que los negocios estén ya demasiado enterrados como para cavarse la fosa ellos mismos.

En agosto, tanto San Francisco como la ciudad de Nueva York implementaron requisitos de prueba de vacunación para comer en ambientes interiores. A nivel local, West Hollywood promulgó una ordenanza en octubre. Tomará algún tiempo comprender completamente los efectos de los nuevos mandatos, pero en una reciente encuesta de la Asociación de Restaurantes del Estado de Nueva York realizada a 125 establecimientos, el 67.2% informó que los clientes se marcharon cuando se les pidió que presentaran un comprobante de vacunación. Más del 60% dijo que había grupos que cancelaron reservas debido al mandato y más del 75% señaló que la cuestión había perjudicado su negocio.

“Seré un perro guardián en la puerta y vigilaré esto, pero necesitamos más voces en la mesa cuando se tomen decisiones como ésta, y debe haber representación de todos”, enfatizó Prince. “Hará que los restaurantes en vecindarios como el mío se derrumben porque dependemos de que los clientes vengan”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


Anuncio