Wilbur Avenue Elementary

Neena Trummell, de cuatro años de edad, abraza a su padre, Mike, durante una visita a la primaria Wilbur Avenue en Tarzana. Un análisis del Times muestra que los alumnos de la Wilbur empezaron con puntajes altos en los exámenes estatales pero después bajaron sus resultados. (Al Seib, Los Angeles Times / May 6, 2010)

Con tal de conseguir una vacante para sus hijos en una de las escuelas más afamadas de Los Ángeles, cinco familias del Valle de San Fernando acamparon tres noches en 2009 frente a la puerta de la primaria Wilbur Avenue. Otros contrataron a alguien que les guardara el lugar en la fila frente al predio escolar ubicado en el acomodado distrito de Tarzana.

La escuela implementó en la primavera pasada un sorteo para adjudicar vacantes a alumnos que no estaban domiciliados en el barrio. Pocas horas después ya había más de una docena de niños en la lista.

Lo que no podían saber estas familias tan resueltas era que la Wilbur era una de las escuelas de Los Ángeles que menos había mejorado el rendimiento académico de los alumnos en matemática e inglés.

El promedio de los estudiantes tenía un nivel alto de rendimiento al empezar la escuela, pero sus puntajes descendieron con el transcurso de los años, según un análisis realizado por el Times de los resultados que obtuvieron los alumnos de la Wilbur en exámenes estatales estandarizados entre los años escolares de 2002-03 y 2008-09. Casi el 90 por ciento de las escuelas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) logró mayor progreso académico.

Hubo además varias escuelas primarias también de renombre que tuvieron resultados deficientes, como la Topeka Drive en Northridge y la Third Street en Hancock Park.

Por otro lado, algunas escuelas ubicadas en zonas de bajos recursos mostraron los avances más notables, aunque los estándares estatales y federales las relegan a la categoría de escuelas fracasadas.

La escuela cuyos estudiantes lograron el mayor adelanto promedio fue la primaria Maywood, al sudeste del centro de Los Ángeles, donde casi todos los niños califican para un descuento en el almuerzo o almuerzo gratis y casi la mitad aún no domina inglés.

Ni los padres ni los mismos directores están enterados de los cambios en el rendimiento estudiantil porque el distrito no mide el progreso académico en esos términos, aunque podría hacerlo.

Escuelas como la Wilbur se destacan con el sistema actual de medición de éxito académico: el importantísimo Índice de Desempeño Académico (API), que evalúa el rendimiento según los puntajes obtenidos por los alumnos en los exámenes estandarizados del estado. Pero datos del propio estado señalan que este sistema de medición refleja las ventajas extra escolares que tienen los estudiantes y no lo que la escuela misma pueda contribuir a su aprendizaje.

Los resultados del API ofuscan el hecho de que se desaprovechó el potencial de los alumnos de la Wilbur para aprender todavía más. En vez de progresar, su rendimiento tuvo una tendencia decreciente, mientras alumnos de otras escuelas bien conceptuadas de barrios acomodados lograron avances notables. Por otro lado, el API tampoco pone de relieve el progreso logrado en las escuelas de zonas de escasos recursos.

La historia se repite a lo largo y a lo ancho del país.

"Medimos quiénes están en las escuelas, en lugar de cuán eficaces son las escuelas", explicó Helen Ladd, profesora y experta en exámenes de la universidad Duke.

Para su estudio, el Times se valió del llamado "análisis de valor agregado", que también revisa los puntajes de los alumnos en exámenes estandarizados, pero compara la mejoría en esos puntajes de un año a otro.

El análisis se basó en los puntajes logrados por alumnos del segundo al quinto grado en 450 de las aproximadamente 500 escuelas primarias de Los Ángeles. Arrojó resultados que alteran en gran medida el panorama de cuáles son las escuelas que realmente tienen buen o mal desempeño.

En general, esta metodología no penaliza a las escuelas por factores más allá de su control, como son la pobreza, el dominio de inglés, el nivel de aprendizaje previo de los alumnos y otros factores que se invocan normalmente para explicar el éxito o el fracaso escolar. Esto se debe a que el progreso de cada alumno se mide según el desempeño de ese mismo alumno en el pasado y no con el de otros alumnos.

Los detractores del análisis de valor agregado consideran que es un indicador muy limitado y poco fiable para medir el desempeño. El análisis del Times sólo considera los puntajes obtenidos en matemática e inglés y además excluye muchos factores que los padres tienen en cuenta al elegir una escuela. Sin embargo, el meollo de la controversia no es la aplicación del análisis de valor agregado a las escuelas, sino que se use para la evaluación individual de los maestros.

Importa más con cual maestro estudian los niños que a cual escuela asisten, según los resultados del análisis de valor agregado aplicado a más de 6,000 maestros del distrito escolar. Los resultados de ese estudio por el Times fueron publicados una semana antes de este artículo. Pero no es frecuente que los padres elijan la escuela por un solo maestro. Este análisis identifica a las escuelas cuyos maestros en general consiguen elevar el rendimiento de sus alumnos año tras año.

En un intento por revertir el enfoque exclusivo en el logro académico de puntajes en exámenes estandarizados bajo la ley federal No Child Left Behind, la administración de Obama ha priorizado el análisis del progreso de los estudiantes tanto para los maestros como para las escuelas. California se encuentra entre varios estados cuyos funcionarios educativos se encaminan hacia ese fin.

"Me interesa mucho menos los puntajes absolutos de los exámenes y me interesa más saber cuánto han avanzado los niños", expuso Arne Duncan, el secretario de educación de Estados Unidos en entrevista con el Times la semana pasada.