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Los maestros, según sus calificaciones

El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles ha recabado con eficiencia admirable una cantidad de datos útiles acerca de sus maestros, tales como cuáles tienen el toque mágico para lograr que los alumnos aprendan y cuáles decepcionan año tras año en la enseñanza de sus estudiantes. Sin embargo, el distrito jamás ha usado esa valiosa información para analizar qué tienen en común los maestros exitosos para que otros puedan aprender de ellos. Tampoco se ha ocupado de que los maestros que son menos eficaces lo sepan.

Si no fuera por el trabajo de un equipo de reporteros del Times, esta información habría permanecido guardada bajo llave y desaprovechada. Ahora que el periódico está dando a conocer las grandes desigualdades que hay entre los maestros, el público tiene acceso por primera vez algunos resultados sorprendentes.

Por ejemplo, pese a la opinión contraria de reformadores como la administración de Obama y el Education Trust, no parece ser cierto que a los estudiantes de bajos recursos y de minorías siempre les toquen los maestros menos exigentes. También es hora de archivar el mito de que los años de experiencia y los títulos adicionales son requisitos necesarios para una mejor enseñanza. Los maestros altamente eficaces, los que consiguen elevar los puntajes de sus alumnos de manera sostenida y significativa, están distribuidos de forma pareja entre todas las escuelas y entre los distintos niveles de experiencia e instrucción académica.

Además, los datos desmienten la insistente postura de United Teachers Los Angeles de que los puntajes obtenidos en los exámenes no son una medida válida para evaluar el rendimiento de los maestros. Si los alumnos de un determinado maestro mejoran notablemente mientras que los de otro maestro que trabaja en un aula contigua se atrasan, y si esos resultados persisten a lo largo de los años, entonces las escuelas no están cumpliendo su misión cuando asignan alumnos a la clase de un maestro ineficaz y cuando remuneran a todos los maestros como si tuviesen igual desempeño.

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Los puntajes de exámenes estandarizados no son una medida completa del aprendizaje, y este periódico nunca ha apoyado el respaldo informal dado por la administración de Obama, a través de subvenciones del programa federal Race to the Top, a la propuesta de que los puntajes cuenten para al menos la mitad de la evaluación de un maestro. No obstante eso, los puntajes pueden brindarnos perspectivas valiosas. Los alumnos no pueden sacar puntajes altos sin conocer el material. Inversamente, los estudiantes que obtienen puntajes insuficientes no han aprendido lo básico. Y eso no es todo. Los reporteros encontraron elementos comunes a los maestros de alto rendimiento: todos mantenían estándares altos y disciplina en clase, todos conseguían que los niños prestaran atención.

Los líderes sindicales prefieren hacer caso omiso de estas realidades y llamar a un boicot al Times por su investigación de los maestros que cumplen con sus labores y los que no. La posición de UTLA es comprensible, ya que la razón de su existencia es proteger a los maestros, incluso si son malos. Afortunadamente para los padres y para el público en general, la razón de la existencia de un periódico es dar a conocer información que de otro modo no se divulgaría.


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