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‘Tagging’ o sólo pasándola bien -- ¿pillado de cualquier manera?

Los Angeles Times Staff Writer

Carmen Trutanich, procurador de la ciudad de Los Ángeles quiere otorgarle a la policía el poder de arrestar a quienes pintan graffiti (taggers) simplemente por estar juntos con amigos, sin tener que atraparlos realizando la pinta. La propuesta contrae problemas constitucionales así como presenta su campaña para luchar contra el molesto problema de la ciudad: el graffiti.

En una entrevista, Trutanich dijo que su equipo de trabajo a recaudar información a nivel de la calle y a revisar estrategias legales que ayudarían a desarrollar prohibiciones contra el graffiti y los ‘taggers’. Las medidas serían en forma de demandas, hechas por parte del público, en referencia al graffiti que daña a la mayoría de los edificios y pasa como una empresa criminal argumentando que se ha convertido en una inconveniencia que requiere de una respuesta policiaca extraordinaria.

Los Ángeles es el líder nacional en el uso de prohibiciones civiles para combatir conductas criminales de las pandillas –que es el modelo de la propuesta de Trutanich. La ciudad tiene 43 prohibiciones dirigidas hacia 71 pandillas, incluyendo una que comenzó este año en un área de 13.7 millas cuadradas en Sur Los Ángeles, la más grande en California. Las prohibiciones hacia los ‘taggers’ se enfocan en vecindarios donde el graffiti es un problema agudo, tal es el caso del área de Harbor Gateway, el Valle de San Fernando y, especialmente, Sur Los Ángeles.

“Voy a poner un escenario para ponerle fin a estos tipos [los taggers]”, afirmó Trutanich. “Si van a pintar, estén preparados para ir a la cárcel. No tengo tiempo para atraparlos pintando. Sólo los voy a atrapar… con sus amigos”.

Es un lenguaje duro, pero Trutanich tiene un gran trabajo por hacer.. Peter Bibring, un abogado de la American Civil Liberties Union (ACLU) del Sur de California, tachó a la propuesta de “completamente inconstitucional”, y algunos funcionarios del orden público se dijeron ser escépticos de la propuesta o estar ambivalentes.

Las prohibiciones evitan una conducta que de otra manera sería legal: vestir ciertas ropas, hacer ciertas señas con las manos, asistir a ciertos parques. Las provisiones más poderosas hacen que dos supuestos pandilleros se asocien en un lugar público –es una ofensa donde se les puede arrestar aun si haber cometido un delito.

Algunos críticos dicen que las prohibiciones van demasiado lejos, criminalizar comunidades enteras y presionar a los jóvenes al límite del sistema de justicia criminal no les ayuda. Las prohibiciones, dicen los críticos, no distinguen entre el problema de fono entre los pandilleros reales y los que no los son y fallan en reconocerlos, en algunos vecindarios el conocer o tener como amigo a un pandillero es la única forma de estar seguro.

¿La línea esta borrosa?

En Sur Los Ángeles, Mark Olvera, capitán de la Policía de Los Ángeles (LAPD), dijo que teme que las prohibiciones en contra de algunos ‘taggers’ serían indefendibles. También señaló que nublaría la línea que los policía utiliza cuando lucha contra el graffiti –entre los verdaderos criminales que usan el graffiti para delimitar su territorio y retar a sus rivales y los inocentes muchachos que sólo lo hacen para mejorar la vista de la calle al hacer diseños en postes, camionetas y edificios.

Olvera comanda la estación Newton del LAPD en la avenida South Central, en el corazón de un vecindario donde el graffiti está por todos lados. Comenta que una prohibición sería muy útil para vigilar a los verdaderos pandilleros. Pero teme que se dirija hacia ‘taggers’ de bajo perfil que podrían minar los esfuerzos de la Ciudad para combinar las tácticas de supresión de la policía con los programas de servicio social que podrían ayudar a los jóvenes a irse por el buen camino.

“Creo que el concepto sería útil”, comentó Olvera. “Pero tendría que ver hacia dónde va. ¿Qué estamos haciendo? Digamos que detenemos a un muchacho por esto [pintando]. ¿Quién va a trabajar con ese muchacho? ¿Hay otra organización que le dé consejería o que trabaje con él [y que desarrolle] una nueva forma de arte? O ¿Sólo los vamos a arrestar?”

Algunos activistas pro libertades civiles tenían la esperanza de que Trutanich, quien en mayo ganó una elección muy áspera para sustituir a Rocky Deldadillo, pudiera acortar el uso de la prohibiciones en la ciudad.

En lugar de eso, aunque Trutanich acepta las críticas y busca un balance entre la seguridad pública y las libertades civiles, el procurador está proponiendo adoptar las mismas tácticas que la policía utiliza co verdaderos criminales contra gente que normalmente es vista como una molestia.

“Al fina”, agregó, “ellos no son menos que una pandilla”.

Para fundamentar su aserción, señaló que varios incidentes en los cuales algunas personas han resultado muertas después de confrontar a los vándalos que pintan graffiti en áreas residenciales –un hombre en Valinda en 2006, por ejemplo, y una mujer un año después en Pico Rivera.

Aunque su propuesta todavía es muy joven, Trutanich dijo que trataría a muchos vándalos que pintan graffiti y a “taggers” como miembros de un mismo grupo que piensan de la misma manera y haría un delito de que los “taggers” se asocien en público.

Casi todos ellos, indicó, trabajan en equipo –con personas que les ayudan a acceder áreas que son difíciles de alcanzar. Las prohibiciones les impondrían a los miembros de un equipo de asociarse con otro en público –haciendo de la asociación un delito, sin ninguna evidencia directa de vandalismo. A cualquiera que asocie con esta prohibición hubiera sido acusado de “tagging” en el pasado, y la oficina de Trutanich enfatizó que cada prohibición individual sería adecuada a un problema específico en un vecindario específico. Cada prohibición también requeriría la aprobación de un juez.

La Ciudad recibió mas de 600,000 reportes de graffiti el año pasado –y muchos incidentes no fueron reportados.

Trutanich dijo que su propuesta no operaría en el vacío sino como una de muchas nuevas herramientas que la Ciudad podría usar para combatir el graffiti.

“A nadie le gustan el “tagging”

[Peter] Bibring, un crítico de las prohibiciones contra pandillas, dijo que las cortes han permitido provisiones que impiden que la gente se reúna en público y sólo porque las autoridades argumentan que han tenido éxito en esto ya que la asociación pública es parte central de la actividad delictiva de las pandillas. –"[es] una forma de intimidar al vecindario y avanzar contra las actividades delictivas de las pandillas”.

“Pero eso no es verdad para los ‘taggers’”, agregó. “No hay fundamento para imponer la asociación.

“A nadie le gusta el graffiti (tagging). A nadie le gusta el vandalismo”, señala Bibring. “Pero eso no significa que les vas a quitar todas las protecciones del sistema de justicia criminal a la que gente que se le sospecha de ser ‘taggers’”.

Pero Rubén Guerra, presidente de la Asociación de Negocios Latinos de Los Ángeles, dijo que ya es hora de que se haya acciones no tradicionales para luchar contra el problema del graffiti. Indica que la mayoría del graffiti está sobre las paredes de negocios pequeños y restaurantes de Sur Los Ángeles.

“Hay momentos difíciles para todos los negocios. Hay en negocios que están cerrando, y otros que están despidiendo personal”, agregó.

“Si tienes graffiti además de lo anterior, ¿Adivina qué? Todo lo hace más difícil”.

Guerra alaba a Trutanich por intentar algo nuevo."Si dejas que el graffiti se salga con la suya, le quitarías el orgullo a la comunidad”, señaló. “Tiene que haber leyes que imponga miedo en estos tipos para detener el graffiti. Y por ahora no hay ninguna”.


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