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John McCain

En un momento diferente de la historia de EEUU, vacilaríamos en recomendar a un candidato presidencial cuyos puntos de vista sociales se apartan tan sustancialmente de los nuestros. Pero en esta elección, lo que depende del desenlace es nada menos que el prestigio de EEUU ante el mundo. Dado que ese es el caso, nuestra opción para la candidatura republicana en el 2008 es segura y de corazón. Es John McCain.

McCain se opone al aborto y niega el derecho al matrimonio de gays y de lesbianas – dos posiciones que rechazamos. Apoya la guerra en Irak, mientras que nosotros pensamos que lo que más conviene a los intereses de este país sería una retirada rápida y ordenada de las fuerzas de EEUU. Pero el conservadurismo del senador de Arizona al menos es genuino, aunque no siempre sea de nuestro agrado. Refleja su individualismo fundamental, que abarca desde su desconfianza ante la hipertrofia gubernamental, su apoyo a la reforma inmigratoria y su insistencia en tener una política internacional sólida.

De hecho, lo idóneo de McCain para la presidencia en este momento parte de cómo conduciría él las relaciones exteriores del país. Como indicamos antes, no apoyamos su firmeza de continuar la lucha en Irak, pero vemos bien que insista en que la posición militar estadounidense se acople a un propósito moral. Sólo él, de todos los precandidatos republicanos, cerraría el centro de detención en la Bahía de Guantánamo, en Cuba, que se ha convertido en un símbolo internacional de la arrogancia de EEUU. Él ha realizado un esfuerzo persistente y con principios, por poner fin al respaldo que ha dado la presidencia Bush al uso de la tortura como arma de guerra, una concesión temible que se hace al terrorismo y una renuncia a los valores básicos estadounidenses. Sólo él, entre los precandidatos republicanos, ha condenado la tortura en todas sus formas; sólo él, entre todos los precandidatos republicanos de esta contienda, la ha sufrido.

Esas son las posiciones que deben impresionar a los votantes de toda la gama política. Parte del argumento a favor de la candidatura de McCain, al igual que la de Barack Obama en la boleta demócrata, es su atractivo centrista. Eso no ayudará a McCain la semana que viene, al menos en California, donde el Partido Republicano no permite a los independientes votar en su primaria. Pero hay otras razones, específicamente republicanas, por las que los votantes del GOP deben apoyarlo.

McCain es un aval del libre comercio, una alternativa bienvenida a los puntos de vista proteccionistas de los principales demócratas. Está muy claro con respecto al precario futuro del Seguro Social y del Medicare, y aunque todavía no ha dicho precisamente qué haría acerca de esas crisis que se avecinan, sí lo tiene entre las prioridades de su agenda nacional. Se ha opuesto al gasto de fondos para beneficio de grupos especiales, sobre todo en forma de asignaciones no reveladas, y ha sido una voz solitaria pero resuelta contra la repartición de dinero por parte del gobierno para estimular la economía. También tenemos una cuestión en la que McCain rompe con la vertiente principal de su partido, y en la que su partido haría bien en sumársele: la inmigración. Mientras los demás republicanos durante esta temporada de contienda han incurrido en una orgía de ignorancia en torno a la inmigración, McCain se mantuvo firme, patrocinando una iniciativa legislativa que proporcionaría una vía a la ciudadanía para los 11 ó 12 millones de inmigrantes que se hallan aquí ilegalmente. Sus rivales abogan por las deportaciones masivas y grandes cercas en la frontera. McCain también apoya que se recrudezca la aplicación de la ley, pero ha defendido la humanidad de los que se encuentran en el centro de este debate. “Todos somos hijos de Dios”, dice él con convicción. No obstante, McCain fue alarmantemente evasivo respecto a ese asunto durante el debate republicano, al decir que él actualmente no apoyaría el proyecto de ley que con tanta valentía propugnaba el verano pasado. Deberá dar una vez más su apoyo a la reforma inmigratoria, y los republicanos deberían seguirle.

Similarmente, McCain ha liderado su partido en su esfuerzo inconstante de hacer frente a la realidad del cambio climático. Él presentó el primer intento en el Senado por atender el problema en la Legislatura en el 2003, y aunque ese proyecto de ley fracasó, McCain ha apoyado los sistemas de límites y cambios que pudieran reducir los gases de invernadero, y se ha mantenido en curso a pesar de las críticas de sus colegas republicanos.

McCain no es el único republicano en esta contienda, y no es el único que impresiona. Mitt Romney es una alternativa vigorosa y elocuente, cuyos sólidos antecedentes comerciales añaden peso a su currículum político. Apreciamos sus facultades analíticas así como su distinguido historial como gobernador de Massachusetts, donde fue uno de los pioneros de la reforma al sistema del cuidado de la salud, y demostró liderazgo con su disposición a cruzar las líneas partidistas en nombre del progreso. Pero Romney ha invertido tanto esfuerzo tratando de convencer a los republicanos de que él es uno de ellos, que ha puesto en tela de juicio sus valores más básicos. Para citar un ejemplo mayúsculo: Hubo un momento en que apoyó el derecho al aborto y ahora se opone a él. Romney también rehúsa renunciar al uso de la tortura, una posición que para nosotros lo descalifica. Mike Huckabee, por su parte, es un hombre afable con un historial admirable como gobernador de Arkansas, pero su fundamentalismo cristiano penetra tanto en sus puntos de vista laicos que se ha desviado hacia las márgenes de la campaña, y cada vez lo hace más inconsecuente.

No estamos de acuerdo en todo con John McCain. Pero admiramos su convicción y estamos con él en aquellos asuntos que más peso tienen ahora mismo.


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